Un poema de Raúl Melo
Bruno Martins
Lo que no ves, aún así, sopla:
abre las persianas, salta las ventanas, conquista a las personas,
la inercia es una pequeña gota ilusoria,
la sustancia más digna
escurre a una ciudad muy remota
de oscuras alcantarillas,
la vivencia más pequeña, se convierte en ruinas.
Lo que no ves, aún así, sopla,
se desdobla,
aprieta y rechina;
despierta,
persiste y apuñala;
borronea,
reacciona y atenta;
descuera,
descarrila y descarga.
Te espera en la puerta cada noche desprolija,
hace tiritar la carne, refrigera la sangre,
te rompe hasta los huesos,
desabrocha de sus poros descuidos de otros días,
encandila la cordura, trunca la quimera.
Hay cosas descuidadas que están.
Hay cosas postergadas,
dadas por perdidas,
olvidadas en un más allá, llorando discretas en un pasado,
demoradas por algo, dejadas en un último fondo frío,
impensadas como las palabras, premeditadas como un robo.
Un rostro deshabitado, empujado por un nostálgico viento,
hasta donde estás sentado, por descuido, pensando.