Alcaldía Cuauhtémoc
I
Vivo en la colonia Obrera
con una magnolia
que abandonó
la medicina natural por mí.
Nuestro apartamento
se ubica sobre Bolívar,
la calle de las yemas
que no saben
cómo distribuir el sufrimiento.
Estamos en el código postal
de las falanges
que interrumpen al amor,
de las familias
que persignan desde lejos al tianguista.
La caligrafía de este edificio
pueden ser sus rentas,
a veces una hemorragia
y otras tantas un huracán,
pero siempre hay propaganda
que duele.
II
No todos los árboles tienen rigor
de embarcadero,
ni su domicilio en las cenizas
de alguien más,
basta con la reputación
de ser plantas
que no llaman a la patrulla
cuando hay siniestros.
Somos la vegetación
que hace coro en las ventanas,
extraviamos la costumbre
de invernadero
a cambio de un ataúd
donde quepan las manos del sol.
III
Esta vivienda es una píldora prohibida
cuando se agotan los monólogos,
otra pastilla
si mi casero no conoce la longitud
de la fe.
¿Sobra algún tributo?
La tradición de cal debajo de las mesas.
Masticar las monedas
del pueblo
para conversar con sus héroes,
ofrecerles mi dentadura
como habitación,
usar las caries en su beneficio.
Solo así habrá erudición
en mi mordida
y bronce suficiente
para formar una catedral
con los labios.