Cinco poemas de Valeria List

Apuntismo

En la vida tengo la constante sensación 

de salvarme por un pelo.

A un trámite estuve de perder el posgrado:

una compañera me escribió una noche antes

para preguntar cómo llevar los papeles

a mí, que ni siquiera sabía de su entrega.

Un día cruzando Insurgentes

por no fijarme casi me atropella un metrobús.

Lo que vi fue la mirada que me echó la mujer de enfrente

primero de asco

luego de terror.

Algunas noches no duermo pensando en pendientes

o momentos que pudieron ser fatales.

Pero cuando estas fallas ocurren

es como si mi vida comenzara de nuevo.

No sé por qué algunos cuestionan la existencia del alma

yo la he sentido varias veces

saliendo de mi cuerpo

y volviendo a entrar. 


Drummond

Me cepillo los dientes y me golpea:

mi poema favorito es la «Elegía 1938».

Esas cosas no se saben normalmente.

Cuando a una le preguntan su poeta favorito

dice nombres para salir del apuro

y queda la turbia sensación 

de haber omitido lo cierto.

Pero esto lo tengo tan claro

como el agua que sale del grifo.

No sé de dónde vino la certeza.

De haber leído la prensa

de la operación Rápido y Furioso

de Bahía de Cochinos

de la ambición por el lito

de la cooptación de la mente por Hollywood

de la intervención a Perú.

Quizá el amor a ese poema venga del odio.

Es, como todo en la poesía

un asunto de fe.

No me molesta creer en él religiosamente

como las religiosas ganas

de dinamitar la isla de Manhattan. 


Flos sanctorum

El profesor estudió derecho 

antes de las vidas de los santos. 

Pensé que en su clase hablaría

de cómo santa Catalina de Alejandría

casada en matrimonio místico con Cristo

y condenada a una rueca con cuchillas

que la fuerza de su cuerpo reventó,

se le apareció mil años después a Juana de Arco

mientras cortaba rosas en su jardín

y le dijo que peleara por el rey.

Pero el abogado habla de política, sociedad

y la visión de santidad a lo largo de los siglos.

Las láminas muestran a San Cristóbal Cabeza de perro

que luego de su bautismo recibió una cabeza de humano

y a Santa Librada

que le pidió a dios convertirla en hombre

para huir de un indeseado matrimonio.

Sufrió, como santa Catalina, de anorexia religiosa.

Murió crucificada de barba de candado y vestido.

Detrás de la pantalla enorme

un ventanal muestra el paso de las horas.

El cielo se empieza a hacer oscuro

las bancas, las paredes, nuestros cuerpos

todo deja de verse

pero en la academia no se habla de milagros. 


Caracol

Lo encuentro cuando salgo a llenar la cubeta.

Sus cuernos sobresalen de la penca 

de un maguey enano

apenas visible entre las otras plantas

(hay una parte del jardín que sobrevive sola).

Anoche llovió y la penca almacenó un charco

suficiente para que el caracol

se inventara una alberca nocturna.

Pienso si llamarlo para que venga a verlo

si es importante

si vale la pena que se levante y dé

unos pasos fuera de la casa

para venir a verlo. 


Todos los nombres

Muchas veces mi abuela 

me llamó con otros nombres

Gaby, Mariana, Vero, Federico, Emiliano, Pau.

Era un repaso familiar hasta llegar al mío.

De vez en cuando salían primas lejanas

o alguna hermana suya muerta.

Sé que mi nombre también se dijo

para referirse al de mis primas o alguien más.

Antes de llegar al correcto

tronaba la boca para quitarse los otros:

mts...¡Vale!


Esa mañana en ese jardín extraño

de la casa donde se iba a quedar

volteó a verme hacia arriba 

desde una silla de ruedas prestada

y dijo ¿y tú quién eres?

¿tú eres la que me va a cuidar?

Pero esa vez no pensé que olvidara mi nombre

esa vez no sentí que se olvidara de mí.

Valeria List

Valeria List (Puebla, México, 1990). Traductora y poeta, estudia la maestría en Letras Españolas en la UNAM. Trabaja en el Departamento de Publicaciones del IIBI-UNAM. Es cofundadora de la agencia de servicios editoriales Ahuehuete. Fue ganadora del Premio Poesía Joven UNAM 2019. 

http://www.huellademyo.wordpress.com
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