Buscando a Italo Calvino
Las ciudades escondidas
Estoy afuera del antiguo Hospital de Emergencias, frente a la Plaza Comercial Carlos III, esperando la guagua P12 Santiago de las Vegas. Voy a conocer ese pueblo porque Italo Calvino nació ahí el 15 de octubre de 1923. Entre bicitaxis, guaguas, automóviles viejos y almendrones que avientan humo negro, el tráfico en la avenida Salvador Allende es lento y pesado: aquí confluyen tres calles, San Francisco, Calzada Ayesteran e Infanta. Llega la ruta que espero. Subo. La guagua va llena. Aviento mi cuerpo para recorrerme: el pasillo es un territorio de cuerpos en disputa por un espacio.
Las ciudades y los nombres
Poco sabría decir sobre Santiago de las Vegas fuera de lo que sus habitantes repiten siempre: en el siglo XV este sitio era un inmenso bosque en el que vivían los taínos; en el siglo XVII, luego de un violento despojo de tierras, fue el principal lugar con vegas de tabaco en virtud de que en esa época las plantaciones debían cultivarse en un radio de cinco leguas: esto explica por qué se ubica a veinte kilómetros de Centro Habana. A fines del siglo XVII fue llamado Santiago de Compostela en honor al obispo Diego Avelino de Compostela; en 1725 se constituyó con el nombre de Villa de Santiago de Compostela de las Vegas; en 1745 se constituyó como pueblo; y en 1831 como ciudad con jurisdicción propia bajo el nombre de Fiel Ciudad de Santiago de Compostela de las Vegas. Sin embargo, en 1976 dejó de ser municipio porque se creó una nueva división político-administrativa. Desde entonces Santiago de las Vegas es un pueblo que pertenece a Boyeros, uno de los quince municipios de la Provincia de La Habana.
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Las ciudades y los signos
Apenas llego y observo una plaza que está en el centro del pueblo, donde supongo que los viejos miran pasar su juventud. Una descripción actual de Santiago de las Vegas debería contener todo su pasado. Aunque visto desde arriba el centro del pueblo es un rectángulo conformado por cincuenta y seis manzanas cuyos límites son las calles 1, 2, 16 y 17, donde están los parques José Martí y Juan Delgado, es el humor de quien mira quien le da forma. Las calles son estrechas y largas con bellezas que el viajero vio en otros lugares: en las casas sobresale una paleta de colores azul, amarillo y rojo. Algunas viviendas, como la Casa Consistorial, ubicada entre las calles 11 y 6, en la que estaba el ayuntamiento, conservan los elementos de las fachadas de La Habana: columnas, balcones y marcos de hierro en las ventanas.
Las ciudades y el deseo
A diferencia de Centro Habana y Habana Vieja, aquí no hay turistas estadounidenses en las calles. El calor no es pegajoso, no se percibe humo ni olor de tabaco ni basura tirada ni cuerpos husmeando en los contenedores. Tampoco hay cubanos escuchando canciones de Enrique Iglesias o gritando: «Taxi, taxi, ¿you need taxi?»; «Güifi, güifi, güifi»; «Hoy es mi cumpleaños»; «Una chica, ¿quieres una chica?»; «¡Hey, Chapo Guzmán!: aquí no hay violencia»; «Coño, tú eres de México lindo y querido».
Las ciudades continuas
Avanzo con el propósito de entregarme más a la digresión que a la línea recta y descubro una gasolinera que se llama Servicentro Santiago de las Vegas. El letrero del negocio tiene la estética de los anuncios vintage de las gasolineras Esso y una leyenda que dice «Cupet-Cimex», la empresa petrolera más grande que el gobierno cubano opera desde 1960, cuando se nacionalizaron las refinerías de petróleo norteamericanas. Entonces me doy cuenta de que…